Isla Me desperté renovada y un poco aturdida. Salté cuando me di cuenta de que la luz del día se filtraba por las cortinas. Mierda, llegaba tarde. Espera, nuestra habitación no tenía cortinas. Traté de sentarme, pero un brazo estaba sobre mí. La realización me envolvió, llevándome al momento presente. No pude evitar la amplia sonrisa que se extendió por mi rostro... Estaba en mi propio pequeño pedacito de cielo, durmiendo en una cama que debía estar hecha de nubes reales. Miré hacia atrás a mi compañero durmiente y observé su aliento tranquilo y sus rasgos pacíficos. Debatí si volver a acurrucarme junto a él, pero realmente debería empezar el día. A regañadientes intenté liberarme de su abrazo cuando de repente me haló hacia atrás, soltando un grito sorprendido. —¿A dónde crees que va

