Eres esencial. La puerta del despacho es abierta y cuatro hombres entran, uno avanza y el resto se queda en su lugar. El hombre que descansa en el sofá con un vaso de whisky y un cigarrillo en su otra mano, desvía la mirada de la ventana y los observa, sonríe. –Dame una buena noticia. –El trabajo está hecho... –el hombre robusto habla con ese italiano arrastrado y un poco entendible, suspira. –Pensó que sería traído con nosotros, hice todo tal cual usted lo pidió, señor, hablar en mi idioma polaco para que no entendiera nada. –Veo que... –el hombre señala a un lado, a uno de los tres hombres. –Recibieron sus golpecitos, ¿No? –Saber defenderse –asiente. –Retirarse, gracias –dice al resto y solo queda él con su jefe. – ¿Qué será lo siguiente? –Por el momento nada, no me conviene levant

