Sus risas, sus constantes bromas, sus palabras de aliento cuando decaía ante los recuerdos de su primo… todo, en un segundo todo aquello se había acabado. Apoyé mi cabeza contra el respaldo del sofá, cerré los ojos y me permití llorar nuevamente. Todo aquello me parecía una maldita pesadilla, una pesadilla de la cual deseaba poder despertar. Necesitaba ver a Thomas Archer reír, necesitaba escucharlo llamarme “rubia” una vez más. Perderlo a él, sentía como si estuviese perdiendo a Thiago una segunda vez, lo que provocaba que mi corazón se rompiera una y otra vez. Sentía como mi alma era traspasada por infinitos clavos, los cuales se dedicaban a torturarme con lentitud. Me encontraba sumergida en un mar de sollozos, los cuales, por más que intentase detenerlos, se negaban a abandonarme.

