El día del estúpido baile de San Valentín había llegado; me pasé toda la tarde en casa tratando de elegir un estúpido vestido para la ocasión, al final, me había decidido por un vestido ancho que me llegaba hasta la rodilla, de color azul para hacerle honor a mi apellido. De todas formas, no era como que deseara ir al dichoso baile, pues el único motivo por el que había aceptado ir, era simplemente por acompañar a Caleb, además, después del baile abría fiesta en su casa, y eso si no quería perdérmela. Entré al salón del brazo de Caleb, sintiendo como mi estómago se revolvía al ver tantos ángeles y corazones colgar del techo. A nuestro paso, pude notar muchos rostros sonrientes e ilusionados, de muchas chicas que probablemente iban a terminar en la cama de sus acompañantes esa noche. Mir

