—¿Qué pasa contigo hermano? —Escucho detrás de mí la voz de Aleskey reclamándome. No le respondí, sino que continué recogiendo lo poco que tengo en la habitación, aunque no era mucho, pues pensando que la noche anterior nos iríamos en seguida rescatáramos a la condenada mujer y a su hijo, ya tenia todo dispuesto. —¿De verdad te vas a ir así sin más? —Insistió—. ¿Cómo es eso que huyes al primer problema? ¿Para eso te casaste? «¡Wow!» Esta pregunta hizo girar mi cerebro como lo hace el seguro de la olla de presión al sentirse explotar. Me giré sobre los pies con la mano empuñada y la detuve en el aire. Algo me detuvo, no fue el mismo Aleskey, fue mi subconsciente el que me advirtió no hacer algo de lo que más adelante me arrepentiría. «¿Qué vas a hacer muñequito?», Mis oídos retumbaron

