—Rodrigo Solano, es el que desde hace unos diez años tiene el control de la zona noroeste de la ciudad —Adujo Gabo adoptando una actitud seria—. Les cuento que para cualquiera de nosotros es difícil penetrar esa zona sin que sus hombres adviertan quién o quiénes la visitan. Al escuchar ese nombre en seguida recordé el nombre que Ingrid anotó en el papel donde tengo la dirección de la casa de los padres de Ana. Por momentos dudé en sí comentarle a Gabo lo que la madre de Ana nos confesó respecto a que ese hombre, o por lo menos, el que ella nombro y que casualmente se hace llamar del mismo modo, asesinó a su esposo. Al no tener certeza de qué terreno pudiéramos estar pisando con él y la posibilidad de que él formara parte de la organización de ese tal Rodrigo, decidí guardar silencio mome

