HIENA Eran las tres de la madrugada cuando escuchamos a Daniela llamarnos a gritos. Cuando llegamos a su habitación nos dijo que había roto aguas, así que Angèle la ayudo a ponerse una bata mientas Tiānshǐ y yo nos cambiábamos de ropa para llevarla al hospital de inmediato. Mientras la ayudábamos a bajar las escaleras Angèle se fue a cambiar de ropa. - Háblale a tu hermano – le decimos Angèle y yo a Tiānshǐ. - Sí. Ya – dice Tiānshǐ sacando su teléfono del bolsillo de su pantalón – Ya le estoy marcando. - No lo quiero preocupar – dice Daniela como puede por las contracciones. - No tranquila – le dice Angèle. - No me contesta – dice Tiānshǐ. - A lo mejor está en medio de algún caso – le digo. - ¡AH! – grita Daniela encogiéndose por el dolor de las contracciones mientras yo y Tiānshǐ

