ÁNGEL No sé en qué momento salí con ella cargada de la piscina y la traje a mi habitación. Solo sé que de lo único que era consciente era de que la bese durante todo el camino. Una vez dentro de mi habitación me dirigí con ella a la cama y la recosté en esta con mucho cuidado como si ella fuera una muñeca de porcelana la cual se pudiera llegar a romper. Después de recostarla en la cama me recosté sobre ella recargando mi peso sobre mis antebrazos para no aplastarla mientras la seguí besando de una forma suave y delicada, pero sin dejar de ser sensual. Dejé de besar sus labios y comencé a trazar un camino de besos que van desde su mejilla hasta llegar a su cuello mientras hacía esto con mis manos le acariciaba las piernas y ella me acariciaba con una de sus manos la espalda y la otra la t

