ÁNGEL
- ¡Diablo! – me llama Núñez desde la puerta provocando que lo mire – Ya no hay tiempo para salir. El Tuerto y sus hombres están ya al fondo del pasillo, y tú bien sabes que no hay forma de salir de aquí sin cruzarnos con ellos.
- ¡Maldita sea! – digo enojado - ¿Cuántos son? – le pregunto.
- Por lo que puedo ver son unos…. Veinte más o menos – me dice Núñez después de contarlos.
- Necesito que me escuches con mucha atención – le digo a Venus poniéndome frente a ella - ¿Sabes usar una pistola? – le pregunto.
- No – me dice.
- ¡Mira! – le digo mostrándole la pistola que le había quitado al directo anteriormente – Esta es una Beretta de 9 milímetros. Tiene nueve balas en el cargador y una en la recámara. Te la voy a dejar cargada, pero con el seguro puesto. Este de aquí es el seguro, una vez que lo saques, solo tienes que apuntar y disparar – termino diciendo.
- Yo no voy a dispararle a nadie – me dice tajantemente y yo la miro fijamente a los ojos.
- Lo que te voy a decir no es para asustarte, pero una mujer en un reclusorio como este es como si encerraras a una gacela en un cuarto lleno de leones. ¿Entiendes? – le digo para después darle la pistola y está la toma entre sus manos mientras me mira con miedo – Tranquila. Antes de acercarse a ti nos van a tener que matar a Hiena y a mí, pero si lo consiguen entonces úsala para salvar tu vida.
- Está bien – me dice con miedo.
- ¿Qué vamos a hacer? – me pregunta Hiena.
- Tú que crees – le respondo y veo en sus ojos que está pensando lo mismo que yo - ¡Núñez! – lo llamo y este se acerca – Quiero que te pegues a Venus y al notario. Si alguien se les acerca le vuelas la cabeza de un balazo. ¿Entendido? – le digo y este asiente.
El Tuerto y sus hombres no tardan en entrar al despacho. Nada más entrar lo primero que ven es al director amarado y amordazado a la silla mientras Hiena y yo estamos cada uno a un lado de este.
- Te estaba esperando – le digo con tranquilidad.
- ¿Tanta prisa tienes de que te despedace vivo? – me pregunta con diversión el Tuerto mientras mueve el cuchillo que trae en su mano derecha.
- Eso va a estar difícil, porque primero vas a tener que matarme a mí – le dice Hiena serio.
- ¿Y este Bruce Lee quién es? – pregunta el Tuerto con sarcasmo mientras mira a Hiena.
- ¡Oye hijo! ¿Me puedo encargar yo de este bocón? – me pregunta serio provocando que los matones del Tuerto se empiecen a reír.
- Si claro – le digo con diversión – Diez para ti y diez para mí. ¿Te parece bien?
- ¡No! Mejor ocho para ti y doce para mí – me dice y yo asiento.
- No me hagas reír abuelo… – empieza a decirle el Tuerto a Hiena mientras se acerca a él.
- Ya empezaste mal – le digo, riéndome mientras lo interrumpo – Si tenías alguna oportunidad de salir bien librado de la golpiza que te va a dar, la acabas de perder, porque lo que más odia es que le digan abuelo.
- Mira. Estoy temblando de miedo – me dice con sarcasmo – Y en cuanto a ti abuelo te voy a dar el gusto de ser el primero al que mate – le dice acercándose más a Hiena para tratar de clavarle el cuchillo en el estómago, pero Hiena es mucho más rápido y detiene la mano con su antebrazo mientras con la otra mano lo golpea en la cara.
Luego pasa la mano con la que bloqueo el arma por debajo del brazo, ejerciendo presión sobre el hombro para así controlar el brazo del Tuerto y asentarle un rodillazo en su estómago. Desde esa posición gira la mano con el cuchillo hacia el Tuerto, de tal forma que pasa el cuchillo por encima de su espalda para luego proceder a desarmarlo. Mientras tanto, los matones del Tuerto dejaron de reírse.
- ¡NO SE QUEDEN HAY PARADOS, BOLA DE IMBÉCILES Y HAGAN ALGO QUE PARA ESO LES PAGO! – les dice gritando el Tuerto a sus matones mientras se retuerce del dolor.
Uno de ellos viene directamente hacia mí, pero antes de que termine de acercarse por completo lo noqueo de una patada en la mandíbula.
- Al parecer no aprendiste la lección la última vez – le digo con diversión en mi voz mientras sus matones se miran unos a otros sin entender a qué me refiero con eso, ya que no son los mismos a los que mande al hospital.
- ¡Tuerto! ¿De qué está hablando? – le pregunta uno de sus matones.
- ¡Como así Tuerto! ¿¡No les dijiste a quien iban a tener que matar!? – le digo con ironía.
- ¿Quién es? – le pregunta otro de sus matones, pero este no contesta.
- Pues al parecer, como no les quieres decir quién soy, no me va a quedar de otra que presentarme yo mismo – le digo con diversión – Mucho gusto, Señores. Mi nombre es Ángel Salvador, pero todos me dicen… - empiezo a decir, pero me interrumpen.
- ¡El Diablo! – dicen todos mirándome con miedo.
- Me alegra que sepan quién soy – les digo serio.
- Todos en este reclusorio sabemos quién eres y de lo que eres capaz – me dice uno de ellos esquivándome la mirada – Todos sabemos que enfrentarse contigo es igual a suicidarse.
- Dia… Diablo perdónanos, no sabíamos que se trataba de ti. De haberlo sabido no hubiéramos aceptado – me dice otro de ellos tartamudeando por el miedo.
- Eso ya lo sé – digo serio haciendo una pausa mientras los miro a todos sin ninguna expresión en mi rostro – No creo que estén lo suficientemente locos como para enfrentarse a mí sabiendo que sería un suicidio.
- De verdad perdónanos – me dicen todos al mismo tiempo.
- Están perdonados, pero a cambio de algo – les digo serio mientras todos me miran.
- Lo que sea que quieras a cambio de que nos perdones, cuenta con ello – me dice uno de ellos mientras los demás asienten.
- ¿Cómo te llamas? – le pregunto.
- Jasón – me dice.
- Mucho gusto Jasón – le digo extendiéndole la mano, la cual me estrecha con algo de miedo – Quiero que acompañen a mis amigos hasta la salida del reclusorio.
- Eso está hecho – me dice con seguridad.
- Si algo les pasa en el camino por mínimo que sea, vas a ser el primero en saber en carne propia porque me dicen Diablo – le digo en un tono frío mientras veo como él y todos los demás se ponen pálidos del miedo – Eso también incluye a Núñez. A él tampoco le puede pasar nada.
- No te preocupes. No les va a pasar nada, ni a tus amigos, ni a Núñez – me dice Jasón.
- Eso espero por su propio bien.
- Bola de traidores – les grita el Tuerto.
- Acá el único traidor eres tú, que nos mentiste al decirnos que se trataba de un imbécil que acababa de llegar – le dice uno de sus matones.
- Me las van a pagar – les vuelve a decir el Tuerto – Eso también va para ti, porque estoy seguro de que fuiste tú el que le advirtió de todo esto – le dice el Tuerto a Núñez.
- Sí, fui yo. No iba a quedarme callado para que tú y este lo mataran, pudiendo evitarlo – le dice Núñez, serio mientras señala al director.
- Jamás me caíste bien porque eres de esos policías que no se dejan comprar por nadie – le dice este con desprecio – Te voy a matar a ti y a toda tu familia – dice en un tono amenazante lo que provoca que Núñez lo golpee y termine cayendo al suelo.
- Inténtalo y te juro que antes de que eso pase te mato – le dice Núñez mirándolo con ganas de arrancarle la yugular.
- No sabes con quién…. – empieza a decir el Tuerto nuevamente.
- Ya cállate Tuerto. Que no estás en posición de amenazar a nadie – le digo con fastidio.
- ¿Qué piensas hacer con él? – me pregunta Hiena.
- Por el momento amarrarlo a la silla como este – le digo refiriéndome al director – Luego ya veré que se me ocurre.
- ¡Diablo! Deja que nosotros lo amarremos – me dice Jasón y yo asiento.
Levantan del suelo al Tuerto entre varios y luego Jasón lo amarra a la silla. Al parecer el amarre fue muy fuerte porque este se queja de que no siente las manos.
- Creo que ya es hora de que ustedes se vayan – les digo mientras me acerco a ellos.
- Si tienes toda la razón – me dice Hiena.
- Ángel toma – me dice Venus dándome la pistola que le di mientras yo me doy cuenta de que algo le pasa, ya que me agarra del brazo con angustia.
- ¿Te sientes bien? – le pregunto en un tono bajo y ella niega con su cabeza - ¿Qué pasa? – le vuelvo a preguntar y ella me señala con su mirada que es lo que le pasa.
Cuando me giro para ver lo que ella me señalo con su mirada, veo al Tuerto mirándola como si fuera un pedazo de carne, lo cual hace que mi sangre comience a hervir.
- ¿Sabes qué es lo que más odio Tuerto? – le pregunto ganándome su atención y la de todos los demás.
- No. Y la verdad es que no me interesa – me dice mientras yo me acerco a él.
- Pues debería interesarte – le digo mirando la pistola que tengo en la mano – Lo que más odio son a los violadores de mujeres y niños.
- ¿Y a mí para qué me cuentas eso? – me dice con fastidio.
- Para que entiendas por qué hago esto – le digo serio mirándolo a los ojos para después dispararle en la ingle.
Este suelta un grito ahogado por el dolor mientras todos me miran en shock.
- ¡Hijo de puta! – me dice gritando mientras a mí se me escapa una media sonrisa de satisfacción.
- Esto solo fue una advertencia Tuerto, para que nunca más en tu cochina vida vuelvas a mirar a una mujer de la forma tan repulsiva como lo estabas haciendo hace unos segundos – le digo en un tono frío y sin ningún remordimiento por haberle disparado – Y eso también va para todos ustedes – les digo a los demás – Ahora si llego el momento de que se vayan.
- Háizi! Bùyào qù shā zhè tóu zhū. Kàn, rúguǒ nǐ zhèyàng zuò, nǐ jiāng wúfǎ líkāi zhèlǐ (¡Hijo! No vayas a matar al cerdo este. Mira que si lo haces no vas a poder salir de acá) – me dice Hiena en un tono de preocupación poniendo su mano derecha en mi hombro izquierdo.
- Bié dānxīn wǒ bù huì zuò, suīrán nǐ yíngle wǒ bù quē (No te preocupes que no lo voy a hacer, aunque ganas no me faltan) – le digo mientras me giro para verlo a los ojos – Gānggāng nà jiàn shì zhīhòu, wǒ kàn nǐ háishì bǎ tāmen dōu dài qù Liànyù ba. Měi gèrén zài nàlǐ dūhuì hěn ānquán (Después de lo que acaba de pasar, creo que es mejor que te los lleves a todos para Liànyù. Ahí, todos van a estar a salvo)
- Shì de. Wǒ yě zhème rènwéi (Sí. Yo también pienso lo mismo) – me dice.
- Wǒ yào nǐ zài wǒ bù líkāi zhèlǐ de shíhòu xùnliàn nǔ niè sī hé wéi nà sī. Dànshì, shì de, bùyào xiàng nǐ duì wǒ nàyàng qù hé tāmen yīqǐ xùnliàn (Quiero que entrenes a Núñez y a Venus mientras yo no salgo de acá. Pero eso sí, no te vayas a pasar con ellos en los entrenamientos como lo hacías conmigo) – le digo y él se ríe.
- Méiguānxì. Wǒ xiàng nǐ zhìyì (Está bien. Te doy mi palabra de honor) – me dice y yo asiento.
...
Hola.
¿Qué les esta pareciendo la historia?
Los leo.