CAPÍTULO VEINTITRÉS Duncan se preparó al ver la roca volando por el aire y esperando ser aplastado. Pero se sorprendió al ver que su trayectoria había sido alterada. Algo había pasado en la catapulta, casi como si hubiera sido saboteada desde detrás de las líneas enemigas; y en vez de aplastarlo y de acabar con cualquier esperanza de sellar el barranco, se quedó corta. Duncan miró hacia abajo y vio que aplastaba a una docena de soldados Pandesianos que iban hacia él. Era un milagro. Y esta era la segunda oportunidad que necesitaba para sellar el barranco y salvar a Escalon. Duncan volvió a empujar la roca atorada, forzando todos sus músculos mientras empujaba la larga lanza con todas sus fuerzas. Por favor, Dios, oraba, dame la fuerza. No te pido por mi vida, solo te pido morir en la v

