Susana avanzó por los peldaños y se topó con detalles desagradables; ropa interior femenina tendida en el suelo o colgando del pasamanos, otra dentro de copas e incluso preservativos usados. Una mujer menuda al otro extremo, limpiaba lo que estaba a su paso con la misma expresión de asco que ella tenía. —Virginia… —Recordó su nombre de cuando la madre de Raúl se la presentó—. ¿Sabe dónde está el señor? —No, señora. Cuando el patrón sale con esas gentes se va por días y no regresa acá. Se va para la hacienda. Seguro mañana la llama para que se junte con él. ¿Le sirvo algo de comer? Vi que apenas probó bocado desde que vino. —No, gracias. Estoy bien, no tengo apetito. ¿El chofer se queda? —preguntó, dispuesta a salir

