Casandra hizo un gesto al camarero, y en un instante, un desayuno completo frente a Fabio, que no perdió ocasión para ajustarse en su asiento y arreglar su corbata. —¿Avanzaste anoche? —preguntó, y sin avisar, le acomodó un mechón de cabello dejándolo tras su espalda. No, no parecía un hombre decidido a abandonar su juego, así que se preguntó si en realidad le había dicho la verdad a Josh en su apartamento. Si de verdad quería tanto a esa chica como aseguró. —Gracias a tu café —dijo alzando la taza—. Lamento haberme ido de tu casa de esa manera. —¡No, no te preocupes! Comprendo que los clientes son lo primero —se apresuró a decir—. Pero gracias por aceptar mi invitación esta mañana. Quería asegurarme de que todo seguía bien entre nosotros. Abrió la boca para responder, pero el gesto

