Era viernes por la noche, los niños para no perderse de ir a la heladería el jueves, no le estaban dando problemas a su padre, sin embargo, conseguir un colegio privado que los aceptara se había vuelto una odisea, esa noche, ya los pequeños descansaban cuando el timbre del apartamento sonó. Joaquin miró por la pantalla de su portero eléctrico, y puso los ojos en blanco. —¡Llegó la alegría de la familia Duque! —exclamó su primo Thiago. Joaquin resopló y se estrecharon en un abrazo. —¿Y el milagro? ¿No andabas muy ocupado en Milán? —indagó Joaquin. —Pues digamos que sí, pero vine a buscarte, necesito un favor. Joaquin frunció el ceño, lo miró intentando descifrar en que nueva locura lo iba a meter su primo. —¿De qué se trata? —Tengo una amiga con la cual voy a salir esta noche,

