- Tiempo Perdido. Habían pasado ya los dos días, demasiado largos para ambos. Héctor entraba por las puertas del templo no llevaba a nadie consigo, solo su caballo más preciado y un par de sacos. Llegó a las grandes escaleras de piedra donde lo esperaban, subió hasta llegar a lado de Jade que lo esperaba nerviosa, le dio la bienvenida y lo condujo a la parte trasera del reino. Una pequeña estancia al aire libre a la orilla del río, grandes telas que sirven de aislante se movían al compás del viento, dos bancos de piedra a cada lado de la estancia una pequeña mesa en el centro y un gran Baúl de hojas de palmera adornaban la pequeña estancia, al rey le sobresalto la pequeña cuna de madera que había a lado de uno de los bancos, una chica sentada se hallaba ojeando la cuna. El faraón s

