El restaurante en el que Greta esperaba era uno de los más exclusivos de la costa, ubicado en una villa elegante a medio camino entre Catania y Palermo, un lugar donde los poderosos podían mantener conversaciones sin ser molestados. A pesar de no tener las pruebas suficientes, Greta había decidido dar aquel paso. Llevaba unos minutos sentada en una mesa privada, apartada del resto de los clientes. Miraba su copa de vino, sin beber, mientras su mente volvía una y otra vez a la conversación que estaba por tener. No había venido a negociar con Angelo Queen. Ese hombre no le interesaba. Quería hablar con la verdadera figura de poder en Palermo: Alessandra Rizzo. El sonido de tacones resonó sobre el suelo de mármol, y Greta levantó la vista. Alessandra entraba en el restaurante con la mism

