Alessandra estaba sentada en su despacho, sus dedos tamborileando sobre el escritorio mientras sus pensamientos se agitaban. Tenía que darle una respuesta a Greta antes de que decidiera hacer una jugada arriesgada. Greta Greco era un problema creciente, y si decidía hablar con la Commisione sobre la muerte de Simone, todo podría desmoronarse rápidamente. Necesitaba actuar antes de que Greta tuviera la oportunidad de convertirse en una amenaza real. Pero acabar con Greta no sería una tarea fácil. No podía simplemente eliminarla sin levantar sospechas, y la Commisione estaba observando cada movimiento que se hacía en Sicilia. Alessandra sabía que cualquier acción debía ser meticulosa, precisa. Meter a alguien en Catania para acabar con Greta sin despertar sospechas sería lo ideal, pero

