Un trago

1360 Palabras
Mientras me limpiaba las lágrimas, respiré hondo antes de girar y dirigirme al auto. Lo último que esperaba era encontrarme a Ryan aún allí, como si nunca se hubiese ido. Me miraba desde el otro lado del vehículo, apoyado contra la puerta, con esos brazos cruzados que dejaban ver más de sus tatuajes bajo la luz tenue del garaje. Era como si estuviera esperando algo, o tal vez solo se había quedado por pura curiosidad. Limpié el rastro de las lágrimas con la mano, aclaré mi garganta y forzando una sonrisa, pregunté: —¿Necesitabas algo, Ryan? Sus ojos recorrieron mi rostro como si pudiera ver cada trazo de dolor que intentaba disimular. Entonces, sin rodeos, me dijo: —El trago aún está disponible, Roxana, por si te interesa. Suspiré. No sabía si necesitaba ese trago, pero sí que algo debía hacer con el nudo en mi estómago y el sabor amargo en mi boca. —¿Qué podría perder? —le respondí, intentando sonar despreocupada, aunque no lo sentía del todo. Esquivé su mirada al decirlo y vi el auto aún aparcado frente a mi casa. Lo último que quería era darle otro motivo para seguir peleando, así que añadí—: Aunque, pensándolo bien… Si mi hermano ve el auto aquí, podría ponerse peor. Ya sabes, su humor de hoy no es el mejor. Ryan me miró con una sonrisa, de esas que solo aumentaban su aire peligroso y atractivo. —Podrías dejar el auto en mi garaje —sugirió, señalando hacia su casa—. Hay suficiente espacio ahora que no están mis autos. Me mordí el labio, pensando. Sonaba a la peor de las ideas, como si estuviera tentando al destino, pero algo dentro de mí gritaba que aceptara. Había pasado demasiado esta noche como para seguir preocupándome por lo que Jordan o cualquiera pensara. —Es el trago más rápido que me han ofrecido, Ryan —dije con una media sonrisa—. Pero está bien, al diablo todo. Mi hermano ya está furioso, y correrme de mi propia casa no conseguirá nada. Asentí y él me indicó que lo siguiera. Mientras conducía hacia su garaje, la mezcla de ansiedad, cansancio y rabia que tenía en el pecho parecía disminuir poco a poco. * Aparqué y bajé del auto, siguiéndolo hasta la puerta lateral de su casa. Ryan abrió, permitiéndome pasar primero, y al entrar, la atmósfera cambió por completo. Era como si el aire dentro de su hogar estuviera impregnado de algo más profundo y denso. Ryan cerró la puerta tras de mí, y mientras lo hacía, noté su mirada. Era intensa, pero no de la manera incómoda que solía recibir de otros. Me sentí… ¿vista? Como si, más allá de mi enojo o mi tristeza, él pudiera ver algo que ni yo misma reconocía. —No acostumbro a tomar nada con mis vecinos, ¿sabes? Y lo del beso, por favor, no pensé en el momento y ahora me ofreces un trago, pero bueno, voy a hacer como que eso no pasó, ¿besar al vecino es bueno? Ja, ja —le dije, intentando bromear, aunque el comentario salió más sincero de lo que esperaba. Él soltó una carcajada suave, esa que hacía que mis nervios parecieran insignificantes. —No te preocupes, Roxana. No es como si esto fuera algo de rutina para mí tampoco. Ryan me condujo a su salón, y enseguida me di cuenta de que su casa no era lo que esperaba. Estaba decorada con detalles minimalistas, pero todo parecía gritar lujo y masculinidad al mismo tiempo, a pesar de que hay cajas por donde quiera se puede ver el gusto de él, evidentemente que está en mudanza. Se fue directo a la cocina, y cuando regresó, traía un par de vasos en la mano. —Aquí tienes, —dijo, entregándome el vaso—. No es mucho, solo un whisky, pero espero que sirva para olvidarnos de las malas rachas, al menos por un momento. Sonreí agradecida, y ambos tomamos asiento en el sillón. Apenas tomé el primer sorbo, sentí el calor, recorrer mi garganta y relajarme un poco más. Mientras tanto, Ryan me observaba, con esa intensidad que me hacía sentir nerviosa, pero también curiosa. —Así que… parece que las cosas con tu familia están complicadas, ¿no? —dijo, rompiendo el silencio, sin rodeos, directo al grano. Suspiré, resignada. No tenía sentido negarlo. —Podríamos decir que sí. Jordan tiene razón en algunas cosas, pero… no sé, creo que tal vez se pasó un poco —hice una pausa, sin saber si debería abrirme más con él—. ¿Sabes? Siempre he intentado hacer las cosas bien, trabajar, ser independiente, pero eso parece alejarme más de mi familia. Es como si, cuanto más hago, más me distancio de ellos. Es irónico, ¿no? Ryan asintió lentamente, sin quitarme los ojos de encima. —A veces, quienes más queremos son quienes menos entienden por qué hacemos lo que hacemos —hizo una pausa, llevando el vaso a sus labios antes de mirarme nuevamente—. Pero no creo que eso te haga una mala persona. A veces, las personas solo quieren que el mundo siga como ellos lo conocen, sin cambios. Ryan me miró de una manera que me hizo estremecer, como si acabara de ver a través de todas mis paredes. Había silencio, uno espeso, como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante entre nosotros. Mi corazón latía rápido, y su pulgar seguía acariciando mi mejilla, su tacto cálido y reconfortante, justo lo que necesitaba. Pero entonces, Ryan se inclinó, su rostro tan cerca del mío que podía sentir su respiración entrecortada sobre mis labios. Me perdí en sus ojos por un segundo y creí que iba a besarme de nuevo… pero sus palabras fueron lo último que esperaba. —Roxana, hay algo que debes saber. Mis pensamientos se nublaron, intentando entender a qué se refería, y una corriente de ansiedad atravesó mi pecho. En su mirada vi algo oscuro, algo que no había visto hasta ahora, y que me hizo querer retroceder. —¿Qué cosa, Ryan? —le susurré, sin reconocer mi propia voz—, espera, no me digas que eres casado, que tienes novia, amante y lo que sea, ash, tienes razón, es mala idea estar aquí. —No, espera. —Por favor, dime que no eres casado y que nadie entrará por esa puerta y me dará a golpes por coquetear con su… —Soy soltero —me interrumpe—, pero no te voy a negar que tengo una que otra relación sin compromiso. —Ah, significa que eres un don-juan, waooo, parece que me impresiona, pero no, ya me lo había imaginado —encojo mis hombros restándole importancia. Maldición, cada oportunidad que tengo de verlo de arriba hacia abajo, trago grueso. Es que parece uno de esos hombres de revista. ¡Dios! ¿Será que estoy soñando? Bueno, si fuese así significaría que la discusión con mi hermano no fue real. —Ja, ja, don-juan, ¿dónde sacaste eso? Disculpa, no lo puedo evitar. —Tengo una gran imaginación. ¿Cómo puede mantener esa melena tan perfecta? Por Dios, yo debo ir al salón de belleza dos a tres días a la semana. ¿Será que deba preguntarle? Nooo, eso sería una maldita niñería. —Es increíble, disculpa, no puedo evitar reírme. —Eso es bueno, tenemos parte de la madrugada, ya que me debo ir a dormir en un hotel. —¿Hotel? —cuestiona con los ojos abiertos—, no, te quedarás aquí, puedes ver a tu alrededor, es una enorme casa en la que los dos podemos dormir. —¿Juntos o separados? —Como tú desees, siempre te daré tu espacio. —¿Puedo preguntarte por qué te has mudado? ¿Divorcio, huyendo de un delito, decepción? Ash, son muchas cosas que se me vienen a la cabeza. —Puedo responder cualquier pregunta siempre y cuando me digas por qué permites que tu hermano te trate de esa forma. Aush, eso sí que dolió, buena estrategia para cambiar de tema.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR