Amaya sintió cómo el calor en sus mejillas se intensificaba, y aunque trató de mantener la compostura, su corazón latía con fuerza descontrolada. El socio barbado, aunque aún parecía reticente, asintió con una mueca leve. —Tiene lógica. Tal vez podríamos explorar más esa dirección. Álvaro, retomando el control de la conversación, intervino con naturalidad: —Justo lo que estábamos considerando. Nuestra estrategia actual ya incluye campañas que refuerzan la exclusividad del Gran Santibáñez. Amaya, aunque intentaba disimular su nerviosismo, no podía dejar de sentir que ese pequeño gesto bajo la mesa la conectaba con Álvaro de una manera que no esperaba. Cuando el mesero sirvió el siguiente plato, Álvaro retiró su mano con discreción, pero el calor de su toque permaneció en la piel de Am

