Álvaro se dejó caer en su silla, soltando un suspiro mientras frotaba sus sienes. Sabía que Arnaldo no se quedaría quieto, pero al menos por ahora, había logrado expulsarlo de la empresa. Amaya entró en ese momento, notando la expresión cansada de Álvaro. —¿Todo bien? —preguntó con suavidad. Álvaro la miró y asintió. —Arnaldo está fuera. Pero no puedo evitar pensar que esto no ha terminado. Amaya tomó su mano, apretándola con fuerza. —No importa lo que intente. Mientras sigamos unidos. Somos un gran equipo. —No importa lo que intente. Mientras sigamos unidos, somos un gran equipo —dijo Amaya, su voz suave pero cargada de determinación. —No sé qué haría sin ti —murmuró. Amaya, captando la ternura en su mirada, dio un paso hacia él. Sin pensarlo demasiado, se sentó en sus piernas,

