Enemigos al acecho.

1136 Palabras

El eco de la música y las risas había desaparecido de la mansión Santibáñez. Los invitados fueron despachados tras el escándalo en la piscina, dejando un silencio tenso y expectante. Eusebio, con el ceño fruncido y los labios apretados, caminaba por el salón principal, su imponente figura proyectaba un aire de autoridad iracunda. Silvana permanecía sentada con una sonrisa que intentaba ocultar la incomodidad, mientras Claudia, siempre elegante, sostenía su copa de vino con una expresión impenetrable. Eusebio se detuvo frente a Silvana, con sus ojos oscuros evaluándola con una mezcla de desdén y sospecha. —¿Qué haces aquí, Silvana? —preguntó finalmente, su voz cargada de frialdad. Antes de que ella pudiera responder, Claudia intervino con un tono cargado de sarcasmo. —Oh, querido esposo

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