Amaya levantó la mano, deteniendo un taxi que pasaba por la avenida. Con el corazón apretado y una mezcla de emociones difíciles de descifrar, se subió al vehículo, cerrando la puerta con un movimiento decidido. Miró por la ventana mientras el auto arrancaba, dejando atrás el juzgado y todo lo que ese lugar representaba. "Esto no es para mí," pensó, mientras el paisaje de la ciudad pasaba como un borrón. "Las bodas, los compromisos, los contratos... no importa si es real o falso, no encajo en este mundo." Al mismo tiempo, Álvaro bajó de su auto cerrando la puerta de un golpe y corriendo hacia la entrada. Su respiración era pesada, y su mandíbula estaba tensa, no sólo por el retraso, sino por la culpa que comenzaba a asentarse en su pecho. Cruzó las puertas del juzgado con prisa, sus ojo

