Una horrible noche a su lado

1679 Palabras
Isabella bajó del taxi con su cuerpo tembloroso y completamente atemorizada de lo que le fuera a hacer su esposo; sus ojos se humedecieron y al cabo de pocos segundos más tarde rodaron unas cuantas delgadas lágrimas por sus mejillas. Levantó la mirada observando que las luces del interior de la casa se encontraban apagadas, pasó saliva y tomó fuerzas de donde no las tenía para ingresar a su propia casa. Llevó su temblorosa mano hasta el bolso y de allí sacó las llaves, al abrir la puerta lo primero que hizo fue llevar la mirada de un lugar a otro tratando de ubicar a su malvado esposo, pero a simple vista no logró ver a nadie. Ajustó la puerta procurando ser cuidadosa para no llamar la atención de su esposo, lo que más le preocupaba era el estado de su hijo, quien posiblemente se encontraba en su habitación manteniéndose distante de su padre. Luego de dar unos cuantos pasos en dirección de la escalera es sorprendida por la mano de Leo, quien la tomó con fuerza del cuello, pocos segundos después llegó su otra mano hasta el cabello y sin decir una sola palabra dio un fuerte tirón, tanto así que provocó que su cabeza fuera hacia atrás. —Perdóname Leo, no quise desobedecer tus órdenes —dijo ella con su voz baja para que la golpiza no fuera tan grave—. Todo fue de manera imprevista; se trataba de una de mis mejores clientas que necesitaba un vestido a último momento y por más que trataba de negarme no logré conseguirlo. »Ella es una buena mujer y no pude negarme, sé que me prohíbes que salga de la modistería, pero lo que se suponía que iba a hacer en muy poco tiempo tornó hacer mucho más tiempo de lo que llegué a imaginar. »También se que te molesta que deje a nuestro hijo solo, pero Kristen se encontraba a cargo de que nada le fuera a suceder o le hiciera falta en mi ausencia —mientras que Isabella trataba de explicarle a su malhumorado esposo lo sucedido ella es lanzada con brutalidad sobre el sofá. Isabella estira su mano y enciende la luz; en medio del llanto rápidamente se levanta del sofá donde fue arrojada y va directo a los pies de Leo, de rodillas frente a su esposo abrió los brazos y abrazó las piernas de aquel hombre. —Por favor perdóname, te juro que nunca más te vuelvo a desobedecer; no me vayas a golpear cómo lo hiciste la última vez porque nuestro hijo me cuestionó por los moretones en mi cuerpo que no pude ocultar. Mientras que Isabella suplicaba, Leo tensaba la mandíbula y la observaba con frialdad; la situación era bastante clara para ella y no le quedaba duda alguna de lo que iba a suceder en los próximos minutos por su desobediencia. —Suéltame maldita perra —su voz ronca y desafinada hace que ella rompa en llanto, Isabella es empujada por el pie de Leo, con la fuerza que él ejerce provoca que ella caiga de espaldas sobre la alfombra. —No, no, nooo —repetía una y otra vez al observar como su esposo se quitaba lentamente el cinturón y en su rostro dibujaba una leve sonrisa de medio lado. —Eres lo peor que pude haber encontrado como esposa, y agradece porque de no ser por nuestro hijo ya hace mucho tiempo me hubiese encargado de ti; tu cerebro es tan chico que no puede guardar aquello que te pido, no me dejas de otra salida más que hacerte entender las cosas a los golpes. —Dio unos cuantos pasos aproximándose a ella. »Solo espero que esta vez no se te vaya a ocurrir contarle a tu estúpida amiga lo que sucede en tu patética vida, porque esta vez te aseguro que no voy a pasar por alto tu insolencia. »No hagas esa maldita cara de que no sabes sobre lo que estoy hablando, porque tiempo atrás revisé tu móvil y allí vi un mensaje oculto de tu entrometida hermana, quién piensa que por ser abogada te podrá ayudar a librarse de mí. »No es un secreto que tu hermana se enteró a través de la boca de tu amiguita, aún no comprendo porque sigue esa mujer en la modistería, si hace mucho tiempo atrás te di la orden para que la echarás a la calle, pero te empeñas en desobedecerme. —Perdóname Leo, te juro que día tras día cuando salga lo único que haré será únicamente ir a la modistería y regresar en la tarde junto a nuestro hijo. En cuanto a Kristen, ella es una muy buena persona y no puedo quitarle su trabajo luego de tantos años que me ha colaborado. »De mi boca nunca más va a volver a salir una sola palabra de lo que suceda en esta casa, también te juro que jamás te volveré a desobedecer —hablaba ella con su voz temblorosa debido al llanto que era provocado por el temor de llegar a ser maltratada. Leo desvió la mirada del cuerpo de su esposa llevándola directo a su mano, especialmente hacia su cinturón; apretó los labios y negó con la cabeza el llanto, las súplicas y promesas por parte de su esposa no causaron ningún efecto en él, Leo levantó su mano y le propinó unos cuantos golpes. El dolor en Isabella era tanto que no tuvo de otra más que llevar sus manos hasta la boca para cubrir y ocultar el llanto, a pesar del monstruo que era su esposo ella siempre trataba de mostrar a su hijo que tenía el mejor padre del mundo. Las lágrimas rodaban por las mejillas de Isabela, mientras que él desahogaba su furia ella tan solo pedía con todas sus fuerzas que terminara lo más antes posible este horrible momento. Luego de aquellos fuertes golpes el castigo aún no terminaba, Leo inclinó su cuerpo, estiró sus fuertes brazos y la tomó de la ropa, como si fuera una pequeña pluma levantó a su esposa, pero Isabella trató de liberarse, así que la llevó a rastras hasta el baño. Ante lo sucedido de boca de Isabella no salía ni una sola palabra, ni siquiera para continuar suplicando para que él se detuviera, simplemente con sus manos hacía presión fuerte en su boca. Leo a empujones hizo que ella fuera dentro de la tina, con la cabeza hizo una mueca, ella de inmediato entendió que debía retirarse la ropa; apretaba los labios para ocultar aquel fuerte dolor que se apoderaba de ella. Isabella se desvistió mientras que su mirada triste se mantenía baja evitando tener contacto con la suya. —¡Rápido que no tengo toda la maldita noche para estar perdiendo tiempo al lado de una mugrosa como tú! —dijo alzando su voz provocando que ella diera un pequeño salto—. ¿Acaso quieres otras caricias de mi cinturón? —ella negó rápidamente con su cabeza. Una vez que Isabella quedó completamente desnuda, Leo con una cubeta le echa agua fría sobre ella, está era la peor tortura que había recibido en toda su vida. El frío se estaba apoderando del cuerpo de ella, el dolor en su cuerpo era tanto que no lo podía soportar provocando que no pudiera contener el llanto; Leo frunció el ceño, apretó los labios y aceleró la respiración lleno de odio y enojo en contra de su esposa, estiró el brazo y colocó la mano alrededor de la garganta de ella. —¡Cierra la maldita boca!, si nuestro hijo se llega a despertar no logras imaginar lo que te espera —el llanto no lo pudo ocultar más, lo cual provocó que le propinara otros cuantos golpes. Tomada del cabello fue llevada Isabella hasta la habitación; de boca y nariz salía sangre, fue lanzada sobre la cama como si fuera un objeto sin valor. La noche iba a ser mucho más horrible de lo que llegó a imaginar, lo dedujo Isabella al ver que su esposo zafaba el broche de su pantalón, luego se retiró la camisa y en cuestión de pocos tiempo ha quedado completamente desnudo frente de ella. —Sabes lo que quiero, así que solo espero que pongas de tu parte, porque de lo contrario juro que te voy a golpear hasta que des el último suspiro —aquellas palabras con su voz ronca y desafinada hicieron que Isabella quedará en Shock, el llanto era aún más profundo y desgarrador. Leo subió a la cama, colocó sus manos una en cada rodilla de ella y las abrió con fuerza, la mirada fría y aterradora que había en su rostro dejaba estupefacta a Isabella. Sin pronunciar palabra alguna ingresó en ella con fuerza y frialdad provocando que ella soltara un desgarrador grito de dolor, la embestía con furia y sevicia. La mirada triste y vacía de Isabella se fue desvaneciendo mientras observaba hacia la pared blanca mientras que su llanto se había estancado y la decepción de ver que el padre de su hijo no tenía límites. Luego de unos minutos Leo le escupió en la cara. —Espero que te haya quedado claro quién es el que manda en esta maldita casa, espero que la próxima vez en que se te ocurra desobedecerme lo pienses mejor, porque no vas a correr con la misma suerte con la que corriste hoy, te aseguro que la pasaras mucho peor que esta noche. Isabella asintió mientras que con una sábana cubría su maltratado cuerpo sintiendo vergüenza, tristeza y desesperación se fue levantando lentamente manteniendo la mirada hacia el suelo, lo único que quería era irse, estar a solas... lejos de él. Isabella era una mujer buena y no tenía ni las más mínimas intenciones en echar a su única amiga a la calle, así que debería esforzarse en ocultar todo lo que le había hecho su horrible esposo. Sabía muy bien que donde ella se enterara no iba a pasar por alto y daría aviso a su hermana al igual que las autoridades.
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