Las luces se apagaron, se apagaron y flotamos de nuevo, flotamos como globos y navegamos como pequeños barcos de papel mojado. —Háblame – susurré al techo, sus ojos se abrieron de un intenso azul que corría libre por las paredes hasta el suelo como sangre, como sangre solo que… Azul, el color de Jimmy. Azul. —Háblame – dije de nuevo. Alguien cruzó el pasillo en ese momento y el azul me miró desde arriba. —Háblame – continúe. —Escapemos de esta vida Kayla, solo tú y yo – sonrió, sus dientes podridos citaron una de las frases de Jimmy, sonreí. —Continúa – murmuré en la oscuridad. —Si así lo deseas… – murmuró Jimmy, mis labios agrietados se movieron en respuesta. —Lo deseo. Continúa, dilo… Dilo… —Vas muy aprisa, Kayla, solo detente un segundo. —No, dilo. Necesito escucharlo.

