Evan. Cualquier hombre con cuatro dedos de frente daría de todo por estar en mi posición. Y digo, ¿cómo no? Estoy en medio de dos mujeres hermosas. Soy la envidia de cualquier ser humano con pene —y hasta sin él, dependiendo de los gustos—, pero, hombre, yo todo lo que quiero hacer es salir corriendo. — Oh, Noa, mi querido Noa — Bess limpia sus lágrimas en mi hombro —. ¿Por qué eres tan perfecto? La miro sobre mi hombro, luego miro a mi hermana Christina quien tiene mi mano sujeta entre las suyas, enterrando sus afiladas uñas en mi hermosa piel. — Su trasero — masculla Christina, lamiéndose los labios con lo que creo es lujuria —. Su jodido trasero se ve tan... — un extraño sonido que jamás quiero volver a escuchar sale del fondo de su garganta. Mi mano vuelve a recibir otra oleada

