Evan. — ¿Es la última? — Le pregunto a Peach, dejando la caja de cartón sobre la encimera de la cocina. — Sí, creo que sí. — Ahora arma mi cama nueva — Matt dice, sentado en el sillón que hace horas acomodé en la pequeña sala, justo frente al televisor. Y mientras yo cargaba cajas y más cajas de la mudanza, Matt estuvo allí sentado, viendo televisión. El mocoso no hizo absolutamente nada. Oh, no, mentiras. Él sirvió de mucha ayuda. Ordenándome cada pocos minutos qué es lo que tenía que hacer. — Eres tan... — gira su rostro para mirarme cuando estoy a punto de decir la última palabra. — ¿Tan qué, Evan? Holgazán. — Considerado — le sonrío falsamente —. Estás ahí, sentado, ayudando tanto con la mudanza, enano. — Lo sé — Una sonrisa aún más falsa que la mía descansa en su sabionda boc

