Los días pasaron y Emilia no pudo evitar notar que Enzo se comportaba a veces de manera extraña. Parecía encontrarse distraído la mayoría del tiempo, y a veces solía contestar de manera distante. Una parte de ella se encontraba pensando si acaso aquella demostración de amor cuando volvieron de la cena había estado bien o quizás lo había espantado un poco. A pesar de que había asegurado que era mutuo, ella no podía confiarse al cien por ciento ante alguien tan inestable e inesperado como lo era él. Apenas y con suerte, lo había cruzado en algunas clases, pero en cuánto pensaba acercarse lo veía desaparecer entre la multitud. ¿Acaso él la estaba ignorando? No tenía una idea a ciencia cierta, pero al menos no recordaba que tuviera razones para hacerlo tampoco. Parte de su mente pensaba e

