Ámbar El hombre feo me arranca la venda de los ojos, y yo le escupo. Él solo sonríe. El hijo de puta ya me había golpeado cuando me tenía en la parte trasera de la camioneta. Para ver de qué estaba hecha, me dijo. Quien sea, no me gusta. La maldad que emana de su aura me raspa los sentidos, haciéndome sentir la piel de gallina. —Eres bonita —dice—. Qué lástima. ¿Qué carajos significa eso? Miro a mi alrededor frenéticamente, tratando de averiguar dónde estoy. Estoy en un túnel familiar, pero el miedo es demasiado grande para identificarlo. Sin embargo, hay algo en él… Pero no puedo perder el tiempo en eso. En cambio, pruebo mover mis manos y pies, pero no se mueven. Me tiene atada a una silla de metal. Y por más que lo intento, no logro liberarme. El extraño recorre mi mejilla co

