Román Ese maldito tiene suerte de que no quisiera implicar a Tatyana en un asesinato; de lo contrario, le habría sacado los ojos y lo habría dejado morir junto a la basura, justo donde pertenece. En cambio, solo le di una charla severa. Si tuviera algo de cerebro detrás de esos ojos apagados y sin vida, ya estaría rezando a los pies de Tatyana, agradeciéndole por la misericordia que inspiró en mí. En cambio, nunca volverá a hablarle. Eso es suficiente para mí. Vuelvo a entrar a la cocina del hotel y encuentro al jefe de catering teniendo una rabieta con un grupo de meseros. —Así es. Escucharon lo que dije. La eché y echaré a cualquiera que no cumpla. Están aquí para hacer un trabajo, no para perder el tiempo y hacerme perder el mío. Ella no recibirá su pago esta noche, y si quier

