Ámbar Mi boca sabe a goma, y duele respirar, como si una banda de presión me envolviera y se apretara cada vez más. Sigo flotando en el dolor. El delirio. Hubo disparos, y ahora no los hay. Fryodor estaba aquí. Me protegió. Me puso algo encima. Me derribó y me cubrió de las balas. Tantas balas. Y luego desapareció. Alguien… manos fuertes, pero gentiles… alguien levantó la silla y tocó mi rostro. Familiar. No era Fryodor. El mundo se desplaza, y dejo de centrarme en los dolores y el peso que siento encima. No me concentro en las manos que no puedo sentir. Las voces. Estoy atrapada en las voces. Una cadencia que conozco tan bien. Otra, un fantasma de hace mucho tiempo. ¿Qué tan fuerte me golpeé la cabeza? —…viva… Esa palabra destaca en su conversación. Miro alrededor del túnel… h

