Pasada las veinticuatro horas, Ernesto tuvo una mejoría. Eso dejó contento a las personas que estaban al pendiente de su salud, entre ellos Augusto, Albert, María José y Mahianela. Esta última se retiró cuando supo que se encontraba fuera de peligro. Salió del hospital y se dirigió a realizar varios pendientes. Tenía dos niños que cuidar, una madre y abuelo que atender, sobre todo, una empresa que sacar adelante. A parte de eso tenía otras cosas de las cuales encargarse. Días después, Ernesto fue trasferido a una habitación donde pudo recibir visitas, el primero que ingresó fue Albert —¿Cómo está Vic? —, Albert suspiró, se quedó en silencio porque no sabía cómo decirle a su amigo que victoria estaba muerta. Ni siquiera tuvo que pronunciar una palabra para que Ernesto comprendiera, bast

