Una vez que Ernesto se fue, Mahianela cerró los ojos, se sentía cansada, agotada, sin fuerzas, sus pesados ojos trataban de conciliar el sueño, cuando estaba por lograrlo sintió la presencia de alguien en su habitación, levantó con lentitud las pestañas, al ver a Samuel su corazón saltó y la respiración se exaltó. —Hola Mahi—. Mahianela se arrastró hasta el otro lado de la cama, quiso ir hasta el balcón y gritar, no obstante, Samuel la tomó por detrás y cubrió su boca —Ni lo pienses, nadie te ayudará. Aún cuando estás en este estado me produces tanto deseo, eres tan hermosa—, empezó a besarla por la oreja provocando náuseas en ella. Cuando logró morder la mano de Samuel, este la soltó y corrió al balcón, iba a gritar nuevamente, pero Samuel la agarró cubriéndole la boca y con más fuerz

