Acariciaba mi mejilla enrojecida, aún después de las dos bofetadas que me había dado me parecía un sueño. Mis ojos estaban iluminados, estaba conmocionado con su presencia, es que después de tres años aparecía, ¿dónde estuvo todo este tiempo? La puerta principal se abrió, dirigió la mirada en esa dirección y fue Rogelio quien ingresó, este dejó caer el juego de llaves, bajó la mirada a estas y se inclinó a cogerla, al levantarse volvió la mirada en nuestra dirección y nos observó meticulosamente a medida que se acercaba. Se paró en frente de Mahi, levantó el brazo y con la mano temblando tocó su rostro. —Es real—, dije entre lágrimas y felicidad. —¿Es cierto?, ¿estás viva? —, asintió. Rogelio la abrazó presionándola con tanta fuerza, de la misma forma que lo hice yo. —¿Cómo permitis

