Ziana Scott le miró sin palabras. Su aspecto era delicado y encantador mientras que su expresión era indiferente, lo que despertaba en la gente el deseo de conquistarla. Pero la crema de sus labios también la hacía suave y adorable. A Boris Lewis le picaba un poco la garganta y su cuerpo se movía más rápido que su mente. Le pellizcó la barbilla con una mano y le acarició los labios con la otra. Sintiendo que ella estaba a punto de echarse atrás, la abrazó con más fuerza. Ziana le advirtió con la mirada, pero él hizo caso omiso. Sus ojos profundos y fríos se clavaron en los labios de ella. La expresión de Ziana Scott había cambiado y dijo con desagrado —Suéltame. —No me mires con esa expresión tan inocente. —Había un poco de interés juguetón en sus ojos—. Pensaré que me estás invit

