Avergonzada por lo que había dicho, Ziana Scott le fulminó con la mirada —¿Parezco imbécil? Antes era testaruda y no podía pensar en ello. Tenía que estar con el único. Ahora soy diferente. —¿Por qué es diferente? —He aprendido a ser otra persona a la que no le importa el amor. —Ziana Scott empezó a enseñar seriamente—. Estoy charlando con una persona, y si me ignora, no es culpa suya, sino mía. Yudel Scott se rio, sin querer entender —¿Cómo puede ser culpa tuya? —¿Por qué no? —Ziana Scott enarcó las cejas y respondió—. Debería reflexionar sobre por qué sólo chateo con una persona. »Si chateo con diez o cien al mismo tiempo, ¿me sigue importando si esa persona me responde? Yudel Scott se iluminó al instante —Lo que has dicho parece tener sentido, aunque se siente raro. Ziana Scott s

