CAPÍTULO 55 – SAÚL Me despierto antes que el sol, con el silencio cálido de la casa todavía respirando sueño. Tardo unos segundos en recordar dónde estoy, hasta que siento a Laura pegada a mí, su respiración suave acariciando mi cuello, una de sus piernas cruzada sobre las mías como si quisiera asegurarse de que no me escape en mitad de la noche. Y entonces me llega ese golpe de paz. Ese alivio. Ese amor puro que anoche nos envolvió como un abrazo que cura hasta las grietas más profundas. No quiero moverme. No quiero romper este momento. La observo. Su rostro relajado. Su boca apenas entreabierta. Ese mechón rebelde que siempre se cruza en su frente. Su mano aferrada a mi camiseta, como si en sueños siguiera buscándome. La beso ahí, en ese mechón. Pequeño, tierno, casi tembloroso.

