CAPÍTULO 43 – SAÚL Nunca en mi vida había deseado tanto llegar a casa… y, al mismo tiempo, nunca había tenido tanto miedo de entrar por esa puerta. Tenía la foto en el bolsillo interior de la chaqueta, quemándome la piel como si fuera un trozo de hierro al rojo vivo. Cada paso hacia el portal parecía un paso hacia un precipicio. Cuando abrí la puerta de casa, el olor a lentejas me golpeó de lleno. Laura estaba cocinando. Los niños reían en el pasillo. Todo parecía tan normal, tan cotidiano… tan ajeno a esa realidad oscura que yo traía encima. Me limpié el sudor de la frente antes de entrar al comedor. —Hola —dije con una sonrisa que me salió torcida. Laura giró la cabeza desde la cocina, cuchara en mano. Su mirada me dio un vuelco en el pecho: suave, atenta… y llena de intuición. —¿D

