CAPÍTULO 45 — SAÚL La casa está en silencio. Ese tipo de silencio que pesa, que parece expandirse por las paredes y filtrarse entre los muebles, como si el tiempo mismo se detuviera para observarme. Laura y los niños duermen. O eso quiero creer. Porque desde que empecé a ocultarle cosas, siento que sus ojos se quedan clavados en mi nuca incluso cuando está de espaldas. Me quedo unos segundos quieto en el pasillo, esperando a que mi respiración se estabilice. El latido en mis sienes es tan fuerte que casi me impide pensar. La foto que encontré sigue guardada en el bolsillo de mis pantalones; la noto doblada, áspera, como si quemara. Me obligo a moverme. Esto tiene que hacerse hoy. Ahora. Entro al salón sin encender la luz. Mis ojos ya se han acostumbrado a la penumbra, y la débil clar

