CAPÍTULO 61 – Saúl Hay algo profundamente tranquilizador en repetir los gestos cotidianos. Preparar el café siempre de la misma manera. Abrir la ventana del salón a la misma hora. Escuchar el murmullo de la casa despertando poco a poco. Durante mucho tiempo pensé que la rutina era una jaula; ahora sé que es un refugio. Me despierto antes que todos, como casi siempre. El cuerpo se me ha acostumbrado después de tantos años en los que dormir de más era un lujo que no me permitía. Laura duerme a mi lado, boca arriba esta vez, con una mano apoyada sobre mi pecho. Su respiración es profunda, regular. Me quedo mirándola un rato, repasando mentalmente cada detalle de su rostro, como si todavía temiera que pudiera desaparecer si dejo de hacerlo. No se mueve cuando me levanto. Me visto en silenci

