CAPÍTULO 41 – SAÚL No dejé de mirar el teléfono mientras conducía de vuelta a casa. El mensaje seguía ahí, iluminando la pantalla como una amenaza viva: ¿Creías que no te iba a encontrar? No tenía número. No había foto. Solo esas palabras. Y la M dibujada en la puerta del almacén seguía taladrándome la mente como un eco antiguo. El pasado estaba regresando. Y yo no estaba preparado. Antes de volver directamente a casa, hice una parada obligada: el pequeño supermercado de barrio al lado de la avenida. No necesitaba comprar nada. Lo que buscaba estaba fuera: las cámaras. Recordaba que tenían dos enfocando hacia la calle. Me acerqué al encargado, un chico joven, barba incipiente, aire de no querer complicarse la vida. —Perdona —le dije con el tono más casual que pude fingir—, ¿tenéis

