CAPÍTULO TREINTA Y OCHO

1721 Palabras

CAPÍTULO TREINTA Y OCHO Darius estaba con todos sus hermanos y aldeanos mientras empezaba a amanecer en la aldea. Loti a su lado, dray a sus pies, todos los ancianos a su alrededor y él observaba la vista que había ante él: allí estaba la fuerza del Imperio, centenares de soldados que volvían, en fila encima de los zertas, de cara a ellos. El día de la pena había llegado. darius estaba allí de pie, con la espalda todavía en carne viva, matándole, sintiéndose vacío. Sabiendo lo que su aldea le pedía, no había dormido en toda la noche, atormentado. Ahora estaba allí, semidormido, sabiendo que le pedían que entregara a Loti para que su pueblo pudiera seguir con vida. Pero darius sabía que si lo hacía, si hacía lo que le pedían, entonces él mismo no podría seguir viviendo. Algo dentro de él

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