CAPÍTULO VEINTE El corazón de Loti giraba confusamente con emociones mezcladas mientras trabajaba en los campos con los demás, usando su largo rastrillo de madera para romper las piedras y el suelo, preparando los campos del Imperio para plantar. Era un ejercicio monótono y tedioso, que había hecho casi cada día de su vida, levantando alto el largo rastrillo de madera, con los grilletes en las muñecas, para evitar que lo usara como un arma y rascando los interminables desechos del desierto. Cuando lo bajaba, el metal le cortaba las muñecas, dejándole marcas, como había hecho durante años. Había aprendido a ignorar el dolor. Pero esto no era lo que le dolía aquel día; mientras arrastraba el rastrillo por la tierra, no pensaba en los grilletes, en las cicatrices, sino en Darius. Se sentía

