BASTIAN (TRES AÑOS ATRÁS) Después de la reunión que Apolo y Gaspar tuvieron, donde yo tuve que disculparme con Minerva, no había otro tema de conversación que no fuera una inminente boda. Estábamos aún en la fiesta. Las pocas personalidades políticas estaban tomando tequila y de todos los vinos junto con ellos. Incluso llegué a ver uno que otro inhalar un poco de "polvo blanco". Parecía que tenían una amistad de años. Era una celebración privada digna de dos capos de la mafia. Y mientras observaba cómo mis esperanzas de acudir ante las autoridades para resguardarme en la ley se desvanecían. Era más probable que en ese momento Apolo me metiera un balazo en la espalda y el jefe de la policía dijera que fue un "suicidio". Minerva se había ofrecido a darme esas atenciones del matrimoni

