Narra Jared Tiene el delicioso rubor de la saciedad en todas sus mejillas. Por la forma en que mi Casandra estaba atacando, no había nada que quisiera más que azotar su perfecto culito en su dormitorio. Pero eso habría hecho que toda la familia saliera corriendo porque a mi pequeña querida le encanta gritar cuando la azoto. Éramos como un par de adolescentes, besándonos en su habitación de la escuela secundaria. Casandra tiene una madurez sensual como ninguna otra mujer. Necesito explorar cada centímetro de su naturaleza aventurera. Y anhelo su rostro inocente, su voz suave y entrecortada. Así que no estaba dispuesto a esconderme en su armario cuando papá apareció de la nada. —Estás ahí, hija, Mellie estaba preocupada —dice, hasta que entro por la puerta y lanzo una mirada oscura. —¿Q

