-¿Qué... ¿qué haces aquí? -consigo decir. El corazón me bombea frenético. -Te he visto muy bien acompañada -replica y evade mi pregunta. Me quedo callada, dándole la espalda. Comienzo a sentir el escozor de las lágrimas en los ojos. ¡No! -¿Te ha comido la lengua el gato? ¿Ya no te ríes? -dice bruscamente con irritación evidente en su tono de voz. Evito mirarlo, sencillamente no puedo y armándome de todo el valor y coraje, porque debería ser yo la furiosa con él, respiro hondo y pregunto otra vez. -¿A qué has venido? -Ya lo sabes -me dice -No, no lo sé. Resopla exasperado. -He venido por ti. De pronto me echo a reír de forma falsa, exagerada. ¿Por mí, dice? ¿Cómo puede ser tan hipócrita? Me agarra por el brazo y me gira hacia él bruscamente. Forcejeo y me suelta. Esta vez lo mi

