23Aquella noche el viento soplaba con tal fuerza que Loreley se vio obligada a ponerse las gafas para proteger los ojos de los restos de hojas, ramitas y polvo que estaban suspendidos en el aire, siguiendo la corriente de aire frío en su loca carrera. Los cabellos revoloteaban sobre su cara y la boina, más que una protección, se había convertido en un estorbo: debía mantenerla quieta sobre la cabeza con una mano mientras que con la otra sostenía el bolso y la bolsa de la compra. Atravesó el portal de su casa y se paró para tomar aliento antes de subir el tramo de escaleras que la llevaría hasta su apartamento. La monotonía de aquel día había sido interrumpida solamente por el hecho de que Ethan había conseguido hablar con John y descubrir que se encontraba en Los Angeles. La noticia de q

