25Cuando volvió al hotel Jacques subió a la habitación de Lucy para comprobar sus condiciones de salud, también él estaba cansado y no veía la hora de irse a dormir: estar detrás de Susan, que después del simposio lo había arrastrado hasta el MoMA y luego a cenar fuera, no había sido fácil. En cuanto llegó delante de la habitación llamó un par de veces. ―Hola, Jacques ―lo saludó la muchacha al abrirle la puerta ―Has mantenido la palabra. ―Tengo ese feo vicio ―dijo él. La muchacha se apartó para dejarle entrar. Tenía los cabellos atados en una cola de caballo, el rostro limpio de cualquier rastro de maquillaje y llevaba puesto un pijama ligero, chaqueta y pantalones. Aquella mañana ella le había parecido una bomba sexy, con la falda corta y las botas altas hasta encima de la rodilla;

