—Parece que no entiende, yo no he adquirido estas deudas, ni siquiera he visto un centavo de todo lo que dice aquí. Así que señor déjeme ir, se equivocó de persona —Cerré el folder y se lo devolví intentando sonar segura, después de todo ¿no era mi deuda o sí?
—No me equivoqué de persona, acaso no eres tú Evelyn Santos, tienes 23 años, tu madre se llama Loreta, tu padre murió hace tres años…. Quieres que siga, sé tú dirección exacta, que te gusta comer, hasta de qué lado de la cama duermes.
—¿Eres un enfermo o algo así? —Me puse de pies asustada — ¿Quien carajos eres?
—Quiero mi dinero, me debes demasiado y ya he dado muchas oportunidades, entonces como yo lo veo, tú ahora me dirás como vas a pagarme o está conversación terminará muy mal —señalo la silla mientras sus ojos me penetraba tan fuerte que sentía me cortaba la respiración, me deje caer en la silla y lo mire sin la más mínima idea de cómo se suponía que pagué ese dinero, de seguro alguien falsificó mi firma.
—No te debo dinero, mírame, trabajo en un empresa de asistente, un trabajo el cual odio y debo soportar para cubrir mis gastos, crees que si yo tuviese ese dinero estaría aquí, hace mucho me hubiese ido muy lejos —Sonrió ante mi respuesta y se enderezó tomando el resto de su trago.
—Soy dueño de casinos, tu deuda fue adquirida en esos lugares, perdiste y no pagaste y como sabrás la casa nunca pierde.
—Yo jamás he entrado a un lugar de esos es imposible que yo….. —Entonces un temblor frío me recorrió, ella no podía haberme hecho eso, levanté la mirada para ver una sonrisa perversa en su cara, estaba disfrutando esto y la manera en la me miró me dió escalofríos —Fue mi madre ¿verdad?
—Si, Loreta Santos me debe millones y te puso a tí como garante, tu firma está en todo esto…..
—Yo no firme eso y tampoco entre a su negocio y usted lo sabe no puede esperar que yo pague esto. ¡Es un abuso! —Su expresión cambió a una cargada de advertencia, al parecer mi reacción lo enojó mucho, borró la sonrisa cínica de su cara, me miró como si quisiera fulminarme.
—!Modera tu tono! es la última vez que te atreves a hablarme así, la próxima te arranco la lengua —estampó su mano contra la mesa haciéndome saltar del susto —Me vale un carajo si fuiste tu la que entró a mi negocio o si falsificaron su firma, quiero mi dinero y tu vas a pagarlo.
—Ve por quién te debe y hazlo pagarte. Déjame salir, no tengo nada que hacer aquí —Deje de hablarle de usted, de hecho no sé porqué lo hacía no parecía tener más de trienta, supongo que por respeto pero era obvio que él respeto no era mutuo.
—Puedes irte, no estás encerrada y tampoco amarrada —señaló la puerta lo cual no dude en hacer, me puse de pie y camine a paso veloz hasta ella, tenía que salir de aquí.
—!Evelyn! —Me detuve en seco al escuchar mi nombre en tono amenazante —Tienes dos días para darme una respuesta, de no hacerlo cobraré el dinero a mi manera y puede que no te gusten mis métodos.
No dije más salí de allí a paso veloz, deje de escuchar y de ver a todos a mi alrededor, camine hasta la salida, tome un taxi y volví a casa. Al entrar me deje caer en el suelo frío, mi corazón aún seguía latiendo desenfrenado, su amenaza aún se seguía repitiendo en mi mente una y otra vez, que me había querido decir, cuáles métodos y todo por culpa de mi propia madre, como pudo hacerme eso.
Al pensar en ella, me puse de pie, tome el teléfono y le marque, no quería que tuviera mi número celular porque que no dejaría de fastidiarme en todo el día a pedir dinero, al no estar en casa no me vería obligada a responder sus mil y una llamadas.
El teléfono sonó varias veces, tanto que empecé a desesperarme y cuando ya me estaba por rendir su voz demasiado alegre me atendió. —Evelyn hasta que recuerdas que tienes madre —Soltó en tono de reclamo.
—Acaso tu recuerdas que yo soy tu hija, ¿por qué diablos falsificas mi firma? ¿Cómo es que te atreviste a adquirir una deuda tan grande en un casino? ¡te volviste loca! —Le dije todo aquello en gritos, esto ya era demasiado.
—Vamos Ivy no es tanto dinero, tú puedes pagarlo. Además soy tu madre me lo debes —Maldije internamente, cómo se atrevía a decir que le debía, acaso su maternidad estaba condicionada.
—Son millones de dólares, el dueño vino a verme hoy y exige que le pagué, de dónde esperas que saque ese dinero —Le solté irritada.
—¿Él fue a verte? — Cuestionó sorprendida —Evelyn si fue personalmente a verte debe querer algo de tí, solo dáselo y cubre la deuda.
—¿Qué insinuas?
—Vamos Ivy eres una adulta y lo sabes bien, dale sexo, usa tu cuerpo y sal del problema —Aprete el teléfono en mi mano, sin poder creer que ella me estaba pidiendo eso, al final de todo era mi madre.
—Me estás diciendo que me acueste con ese tipo para pagar tus deudas de juego…. Eres increíble mamá.
—No seas tan santurrona Evelyn, acabas de decir que no tienes dinero para pagar, entonces usa lo que tienes, eres una chica linda y con un cuerpo envidiable, ofrece eso como pago y librate del problema.
—Cuando creo que ya no puedes decepcionarme más, sale con algo mucho peor, fue un error llamarte.
Colgué sin esperar respuesta, ni siquiera fue capaz de disculparse, así fuera una disculpa falsa, para ella era tan sencillo pedirme algo así, acaso conocía a ese tipo, que tal si era un maldito enfermo, si acababa conmigo, las cosas que me haría, no le importaba en lo más mínimo arruinar vida.
Tome una ducha pero lejos de calmar el vacío dentro de mí, me hizo sentir aún más molesta, el pensar de dónde sacaré ese dinero me mantenía con estrés, pase toda la noche en vela, dando vueltas en la cama, miles de ideas pasaron por mi cabeza, y en ninguna pude encontrar solución, estaba en serios problemas.
Pensé en huir, pero dudo que un tipo así me deje ir, de seguro me mantiene vigilada era demasiado dinero y que me dejara salir así de ese lugar solo indicaba que el sabría dónde estaba, entonces mis pensamientos viajaron a él, era un hombre muy intimidante, guapo pero intimidante, me transmitió terror con tan solo una mirada, aunque las veces que sonrió me pareció atractivo, alto fornido, cuerpo bien trabajado, su rostro era hermoso pero el peligro que se veía allí te domostraba que podía destruirte si así lo deseaba.
Caminaba de manera imponente y calmada, como si el mundo debía detenerse a sus pies, como si nadie más pudiera siquiera intentar lastimarlo y yo me sentí insignificante y frágil frente a él, que iba hacer para resolver esto, para salir ilesa del problema en el que sin pedirlo estaba inmiscuida.
El día llegó y con ella la obligación de ir a la oficina, ahora menos que nunca podía dejar de trabajar, de algún lugar debía poder sacar dinero, tal vez el tipo aceptará abonos o algo así, me insulte a mi misma por creer que podría pagarle a plazos a alguien así y de aceptar cuánto tiempo me llevaría cancelar es total, estaría toda la vida debiendo ese dinero.
Salí de casa de muy mal humor hoy no tendría paciencia para soportar los abusos de nadie, sobre todo de Lindsay que su pasatiempo era fastidiarme.
Al llegar a la empresa el ambiente parecía tenso, como si una desgracia hubiera caído en este lugar, nadie parecía con ánimos de hablar, a mí me parecía perfecto tampoco tenía ganas de hablar con nadie.
Al llegar a mi lugar de trabajo me sorprendió no ver pilas de trabajo como todos los días, ni Lindsay que me abordaba al llegar, me pareció muy extraño, entonces mi teléfono fijo sonó, respondí de manera automática como habían indicado hacerlo, la voz gruesa a través de la línea me pidió entrar a la gran oficina que no había visto mi una sola vez.
Me habían prohibido entrar y debía asegurarme de que nadie entrará hasta que Cameron Larson regresará, aquella petición me hizo saber que él estaba dentro y ahora yo tendría otro asunto con el cual lidiar, ya entendía la actitud de todos, según había escuchado El Sr. Larson era un tipo difícil.
Tome mi tablet acomode mi atuendo toque la puerta esperando aprobación, al escuchar el pase entre con mi mejor sonrisa pero al ver al hombre sentados tras él enorme escritorio me paralice.
—Evelyn, es un placer volver a verte —Dijo aquella voz que me había mantenido en vela toda la noche.