– Ves Liz, vuelvo enseguida. – dice Henry y sale corriendo. Me limpio la boca con el dobladillo de mi vestido de novia. – Petter, tu arma. – Me mira fijamente. – Ahora, Petter. – Pero niña... – Veo la duda en sus ojos. – Pero nada... Vamos. – Extiendo mi mano y él me entrega el arma. – Las municiones. – Me pasa los cargadores como me gusta. Arranco el trozo del dobladillo de mi vestido para que no me estorbé y corro detrás de Henry, descalza. Mierda, me quejo cuando piso una roca afilada, pero nada que me impida correr. Me acerco a la casa y me apoyo contra la pared, verifico la cantidad de balas que tengo y guardo las “balas de reserva” en mi escote, solo espero que no se me caigan. – Vamos John, cuéntame. – grita Henry. Me acerco un poco más y puedo ver que John estaba agachado

