Después de hablarlo con mis papás decidí que lo mejor era no vender mi casa, prometieron que iban a ver a los peces. Al menos podía confiar en papá, que olvidaba menos que mi mamita. Era eso o regalarlos a la veterinaria. No podía quejarme de nada, por fortuna todo iba dentro de lo planificado, incluso no la pasaba mal en las terapias con el psiquiatra, hasta que una niebla densa cubrió caprichosamente los cielos porteños, en plan conspirador, los vuelos se suspendieron hasta próximo aviso, pero de eso ya era tres días que no parecía tener fin. Día ocho. —Escuchame, solamente quiero un boleto, nada más... ¿es difícil de comprender? Si, sí, lo entiendo, es la décima vez que me lo explican, de todas formas, quiero reservar un boleto... bueno pasame con tu superior. Las operadoras de las a
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


