Me di la vuelta y lo descubrí sentado. Era Jean. Había entrado a la habitación después de que yo saliera. Las enfermeras nos miraban y al confirmar que todo estaba bien se marcharon. En ese momento Jean se me lanzó emocionado, pero se contuvo al recordar que estaba malherido. A pesar que deseaba más que nunca poder tenerlo encima, solo obtuve un suave roce de sus brazos en la espalda. ―¿Qué hacés acá? ―dije sorprendido, sonaba como un verdadero idiota. ―Oye… si querés me largo. ―Jean entrecerró los ojos y se apartó levemente. ―No, tonto, lo digo por las nenas ¿dónde están? ―Con tu madre ¿con quién más? ― ¿Y el viaje a Italia? Jean se mantuvo en silencio. ―Hay cosas más importantes. Ahora, nada de eso importa. Quise decir algo al respecto, me sentía culpable, pero a la vez me sent

